dimanche 20 juin 2010

1ra etapa : de Saint-Jean-Pied-de-Port a Zubiri

La preparación del camino se hizo a dos manos, utilizando toda la información posible. Intensa fue la búsqueda efectuada por Elie, y de manera precisa, todo lo referente a los desniveles del camino, altitud, porcentaje de inclinación en los descensos y en las cuestas arriba, tiempos indicativos, velocidad, pausas y recomienzo. Por mi parte, si bien puse atención a todo eso, yo hice menos caso a las precisiones que mi amigo Elie, porque siempre pensé que todos aquellos detalles eran muy bonitos, pero el detalle más importante era el buen espíritu para subir, bajar, rodar y rodar, hasta que las fuerzas nos acompañaran. Desde el principio valoré que subir al puerto de Ibañeta para llegar a Roncesvalles viniendo de Saint-Jean-Pied-de-Port era una etapa obligada. Elie temía a esta dura subida y yo comprendí que prefería comenzar en Roncesvalles. Pero, alcanzar Roncesvalles tenía sus inconvenientes, si optábamos otro medio que no fuera a pie, o en bicicleta. Acordamos finalmente que no podíamos pasar por alto la veintena de kilómetros que se enroscan, que hacen frontera entre Francia y España y que son ricos en historia y naturaleza. La decisión de hacer esa etapa corta de 26 km, sin prisa, evitando extenuarnos, fue tomada en Paris, con el asentimiento común. Sin embargo, no rodamos 26 sino 59 kilómetros el domingo 20 de junio, cuando cerramos la etapa en Zubiri, a las 17h06 de la tarde. Once horas con diez minutos marcadas por la exuberancia del paisaje, por la excitación que provocaba cada kilómetro ganado y por la fatiga dispuesta a enseñorearse en nuestras piernas en las penosas curvas y cuestas que llevan al puerto de Ibañeta. ©eW&cAc

Distancia recorrida : 59 km

Hora de salida de St-Jean-Pied-de-Port : 08h06

Hora de llegada a Zubiri : 17h16

El primer sello acreditativo

La noche del sábado 19 al alba del domingo 20, no cesó de llover, o más bien, de lloviznar. Al amanecer, el verde que rodea Zazpiak bat lanzaba reflejos acristalados. El rocío imponía su rito mañanero y la humedad a causa del agua caída durante la noche penetraba en los huesos. Era de esperarse que los peregrinos emprenderíamos un camino martirizado por la lluvia hacedora de fango. Dura prueba para unos y otros, y durísima para lanzarse a la “aventura” en bicicleta. -Eviten el camino, nos aconsejó Guillaume, y en un trozo de papel nos señaló cómo salir del barrio y desembocar en la carretera. Estimulados por el primer sello acuñado sobre nuestras credenciales ( ir a La credencial del peregrino), dejamos la huella bicicletera sobre el camino rojizo hasta la ruta asfaltada. En lugar de remontar la colina por la Route Napoleón, como nos aconsejó el patrón de la casa, ni entrar a St-Jean-Pied-de-Port, doblamos a la izquierda en el Chemin de Kurutxamendi y tomamos la Route d’Arnéguy. El camino era mucho más que un sueño, la idea estaba puesta en marcha, la marcha a dos ruedas se imponía. ©eW&cAc

samedi 19 juin 2010

Los caminos para llegar a Santiago de Compostela


No pretendemos situarnos en posición de conocedores de la historia compostelana, conocemos poco, más bien aquello que ha llegado a nuestras manos desde que la empresa de hacer el camino la hubimos decidido. Nos permitimos algunas consideraciones porque sabemos que muchos amigos y familia que visitarán la bitácora, tienen confusiones respecto a cuál es el camino, o los caminos y muchas otras dudas, que intentaremos reparar a lo largo del recuento. Existe una Guía del peregrino, atribuida a Aymeri Picaud, un canónigo de Parthenay, que explica las rutas existentes hacia 1140, es decir, aquellas que atraviesan Francia. Considerando lo que indica el canónigo, para llegar a Saint-Jacques de Compostelle, los peregrinos tenían cuatro vías: la de Paris y Tour, que pasan por Bordeaux y Dax; la de Vézelay, que pasa por Limoges, Mont-de-Marsan y Orthez; una de las más hermosas, la de Puy-en-Velay que pasa por Conques, Moissac, Aire-sur-l’Adour y Navarrenx; y una cuarta vía, la de Arles y St-Gilles que pasa por Saint-Guilhem, Toulouse, Auch y Oloron. La ruta de Arles al llegar a Canfranc, se convierte en el “Camino Aragonés” hasta Puente la Reina. El de Tours, el de Vézelay así como el de Puy, convergen en Roncesvalles, y desde allí se forma el “Camino Navarro” que pone término, como el aragonés, en Puente la Reina. Y es a partir de Puente la Reina, que se define como tal el único camino, que se conoce como “Camino Francés”. Vale aclarar que antes de la Reconquista, los primeros itinerarios se hacían desde Oviedo, entonces capital de los reinos cristianos de la península, razón por la cual existe “la ruta de la costa” que va por el norte y que con el avance de la Reconquista fue desplazándose hacia el “sur”. De manera que nosotros, al iniciar el camino en Saint-Jean-Pied-de-Port, no hicimos otra cosa que seguir la ruta navarra para emprender el Camino Francés, en Puente la Reina. Les muestro un mapa con el camino recorrido por nosotros. ©eW&cAc

Zazpiak bat, gîte d’étape

Nuestro primer “albergue” lo reservamos llegando a Saint-Jean-Pied-de-Port. Podíamos haber andado y desandado su centro y estoy seguro que la gestión personal hubiera sido fructífera. Sin embargo, al preguntar en el buró de turismo, la muchacha gentilísima se ocupó de la búsqueda y nosotros tranquilos. Nos entregó mapa e indicaciones para llegar. Cruzar el Pont Neuf sobre el Nive, en la rotonda de la plaza Floquet, tomar la calle de Zuharpeta y al llegar a la Porte d’Espagne, tomar a la derecha justo donde está el colegio Mayorga, siempre subiendo una cuesta, hasta internarse en el barrio por la calle del Mariscal Harispe. El techo rojo es inconfundible. Pero todos los tejados son rojos, y todas las casas están pintadas de blanca, ah, pero el camino por donde se llega a Zazpiak bat (http://www.gite-zazpiak-bat.com/ ) es único y no hubo pérdida. El “albergue”, que me suena más bonito como “gîte” en francés está ubicado en un sector privilegiado del pueblo, en una colina desde la cual el paisaje se pinta de todos los verdes capaces de inventarse sobre la tierra, verdes azulados delineando las montañas, verdes ahumados y verdes neblinosos. Desde la terraza del albergue pueden verse también los muros y techos de la Citadelle. Al levantarnos, nos recibió el patrón de la casa, Guillaume, que amablemente nos acompañó para servirnos el desayuno, al cual agregamos desde ese día nuestra porción individual de sopa miso japonesa, a base de soja, bonito y algas, complemento rico en proteínas para quienes se preparan a comenzar el camino. Fue una suerte conocer a Guillaume Pepé, fino conocedor de los vericuetos del camino, que no tardó ni vaciló en darnos los consejos necesarios para llevar a bien nuestra espiritual y cultural empresa. Se lo agradecemos, y mucho, y aquí van en forma de blog nuestras gracias en libanés, español, francés, y por supuesto, en vasco! Dejamos la casa por su camino de tierra rojiza y seguimos las indicaciones trazadas por Guillaume en un minúsculo trozo de papel. Así comenzó nuestra primera etapa en dirección a Santiago de Compostela. ©eW&cAc
©eW&cAc

A los pies de Roncesvalles

Saint-Jean-Pied-de-Port, que en vasco se llama Donibane Garazi, debe su nombre al hecho de estar enclavado en la base del puerto conocido como Roncesvalles. Nos escurrimos en el pueblito bañado por el Nive, después de habernos ubicado en una casa rural de las afueras. Caminar por sus calles es remontar el tiempo y comenzar a respirar los aires del camino a Santiago. Locales y peregrinos pasean por la pintoresca calle de la Citadelle. Subimos la cuesta y nos presentamos en el centro de acogida de peregrinos. Gente amable. Y al saber nuestros orígenes, la simpatía no se hace esperar. Lo de la simpatía me choca, no creo que los cubanos tengamos nada especial que haga a los otros demostrar simpatía. Pasa que es raro ver cubanos haciendo el camino, como constató Elie, que pocos libaneses emprenden la ruta Jacobea. En el centro elegimos una concha y dejamos un donativo. Y al ser Saint-Jean-Pied-de-Port nuestra primera etapa peregrina, sellamos la credencial. El pueblo es hermoso con un fondo de montañas pirenaicas que cortan la respiración. Atravesamos la Porte de Navarre y reparamos las casas típicas que se alinean después del camino de ronda. Al terminarse la calle de la Citadelle, la Porte St-Jacques. La Citadelle lleva el sello de Vauban. El hambre nos recuerda que ya es hora de sentarse en una mesa y comer. Pero antes de hacerlo entramos en Notre-Dame-du-Bout-du-Pont, con su flamante oculus y su portal a columnatas del siglo XIV. El Nive furioso y afangado pasa bajo el pont Notre-Dame justo al lado de la iglesia. Subimos nuevamente la cuesta de la Citadelle habiendo reparado un restaurante, y volvimos a bajarla en su empedrado andar para terminar sentados en Chez Edouard. Nuestro primer menú peregrino lo disfrutamos como si lleváramos tres meses sin probar bocado. La fuente de sopa, bien apreciada por Elie, desapareció como por encanto. De la botella de vino francés no quedó más que una invisible gota caída sobre la mesa. La tarde noche se antojaba fresca y una nube al pasar dejó una larga llovizna. Al amainar, decidimos entrar a nuestra habitación de Zazpiak bat. ©eW&cAc.




©eW&cAc

Bayonne – Saint-Jean-Pied-de-Port



El trayecto a la capital de Baja Navarra fue como un desplazamiento en tobogán bajo un cielo negruzco anunciando lluvia. Las nubes bajas tocan los tejados rojos, esbeltos sobre blancas fachadas. Carpintería roja en los ventanales. Detrás, la silueta en lontananza de los Pirineos. El tobogán da vueltas, se escurre entre el verde húmedo de la región, penetra en pueblitos con nombres en vasco difíciles de retener, serpentea el Nive revuelto por laslluvias caídas, atisba la cinta de agua que se enrosca por toda la carretera y termina en Saint-Jean-Pied-de-Port.

Nosotros nos preguntamos si volvíamos a preguntar al chófer si conocía un atelier para reparar bicicletas. En efecto, el chófer conocía, y cuando detuvo el autocar en el término, al vernos bajar nos dijo, sigan conmigo que yo los dejaré en la avenida du Jaï-Alaï, donde está el taller. Su gentileza nos tocó sobremanera. El comercio es una tienda deportiva que alberga el taller de bicicletas. “MAYA SPORT” fue como una bendición en el camino. Dejamos la Gazelle d’Elie en manos de Jean Harretche y fuimos al buró de turismo para interesarnos a nuestro hospedaje. Una vez hecha la gestión, hicimos un primer paseo por el centro, ubicamos el centro de recepción de peregrinos, y volvimos a Maya* para recuperar la bicicleta de Elie. La tienda se convirtió en refugio de mi bicicleta y de las alforjas y mochilas. Al llegar, nos esperaban Marc y Jean para decirnos que había un problema, algo raro pasaba con el manubrio de la Gazelle. El manubrio fue una preocupación wakimniana casi desde el mismo momento de la compra. Mi amigo sentía un juego inhabitual por un manubrio y aquello lo consternaba. Escuchamos a Marc y a Jean, y aceptamos que hicieran el trabajo que mejor conviniera a la bici. Esperamos la Gazelle, como cuando se espera en la antesala el término de una operación quirúrgica. Y salió del taller la bicicleta dando ruedazos y saltando satisfecha. Tanto Marc, que es el propietario de MAYA SPORT, su esposa, y Jean, que tuvo entre sus manos la Gazelle, como ya habíamos reparado en el chófer, nos permitieron confirmar que los vascos son ultra gentiles y simpáticos, acogedores y buenos huéspedes. Dijimos adiós, y enfilamos por la ruta que atraviesa el pueblo, cruza el Nive y subimos la cuesta que nos llevó a Zazpiak bat, nuestro albergue de etapa. ©eW&cAc

*MAYA SPORT (Maya Marc)

KIROL TEKNIKALARIA

18, av. du Jaï-Alaï

64220 St-Jean-Pied-de-Port

Bayonne

Primera gran pauta en el camino que pronto comenzaremos a andar y desandar. Cielo cubierto, una tranquilidad morosa, la estación casi vacía. Apenas ha cambiado el ambiente bayonés que envuelve la Gare. Recuerdo que es el mismo cielo tímido azul gris que me recibió en el 96, cuando llegué a Bayona en un tren nocturno procedente de Avignon. Salí de la Gare y constaté que el Paris-Madrid, el hotel donde paramos aquella vez, todavía está en pie, ahora con su fachada enlucida. Asegurado que estaba en Bayona, propuse a Elie movernos en función de la continuación de viaje. Mala noticia: desde hace seis meses, no funciona el tramo ferroviario que une Bayonne con St-Jean-Pied-de-Port. Un autocar hace el trayecto, y no podemos perderlo, pues el último sale a las 15h09. Nos dividimos las tareas. Elie se ocupa del equipaje y yo voy a comprar los billetes. De paso se me ocurre que puedo recuperar los billetes que nos regresarán a Paris, pero desde Hendaye, el 6 de julio. Una preocupación menos. Ahora se impone aquella de buscar un taller de bicicletas cerca de la estación. Le pregunto a un ciclista que entra a la Gare. Elie carga con su Gazelle, atraviesa el puente St-Esprit que cruza el río Adour y busca el taller de marras. No lo encuentra. Puede que también esté cerrado por ser fin de semana. Decepcionado vuelve a la estación, la Gazelle echada al hombro. No obstante, la búsqueda del atelier le permite mirar Bayona más allá de la estación. Intentamos dejar imágenes en nuestros aparatos. La iglesia Saint-Esprit, edificada sobre las ruinas de un priorato romano muestra sus hermosas bóvedas góticas orneadas de medallones propios al estilo flamante de la época. Fachadas blancas con ventanas azules, rojas, el reloj de la estación en la torre de la izquierda, y por supuesto, el Paris-Madrid. Almorzamos. Saboreamos nuestro “almuerzo” como el resto de los viajeros sentados en la sala de espera. Una pareja de seniors alemanes, una francesa octogenaria leyendo mientras devoraba su sándwich, un joven con bastón y pesada mochila, futuro peregrino, evidentemente inglés, otras gentes, y el café de la Gare, desierto…Llegó el momento de montar al autocar, el chófer con campechana sonrisa nos abrió el maletero, y ante la amabilidad a flor de piel, osamos preguntarle si conocía un taller de reparación de bicicletas en Saint-Jean-Pied-de-Port. ©eW&cAc


Paris – Bayonne

Anunciado el tren en el andén N° 1, y saltar como un resorte fue la misma cosa. Nos vimos envueltos en la marea humana que como nosotros se dirigía al mismo andén. Dos trenes. Uno TGV y el otro iDTGV (www.idtgv.com ). Pasamos el chequeo de viajeros y subimos a nuestro coche en 2da clase. iDTGV 2967. Felizmente los asientos no estaban dispuestos en la dirección contraria al desplazamiento. Départ à 07h10. Como fatigado sin aún haber apenas rodado, el tren fue saliendo de la Gare Montaparnasse. Al dejar la estación, se vio libre de techos y pudo sentir la fina llovizna que del cielo aplomado caía parsimoniosamente. La llovizna hizo el milagro de despertar la máquina que poco a poco fue ganando en velocidad y kilómetros en dirección al sudoeste. Campos amarillos, terracotas, verdes. Infinidad de pueblitos con sus torres y campanarios, techos rojizos, altos, a dos aguas, apizarrados, sucediéndose a lo largo del camino de hierro, a distancia prudencial. Tours, Poitiers, atravesados sin detenernos. Luego tocó el turno a Burdeos, con la altiva aguja de la catedral Saint-André, la Torre Pey-Berland y los imponentes inmuebles de una ciudad rica favorecida por sus renombrados vinos, que la hacen considerar por muchos como la capital mundial del tinto. Cruzamos el Garonne, y el tren se detiene unos minutos en la Gare de Bordeaux St-Jean. Viajeros que bajan, unos pocos suben. A la parada siguiente, Dax, que siempre me ha parecido triste y apesadumbrada, ya estamos en tierras de Landes. El paisaje de pinos marítimos no desaparece nunca, y es el macizo boscoso más grande de Europa occidental. La velocidad reducida al máximo, un leve chirrido, la voz anunciando Bayonne, el reloj de la Gare marcando dieciséis minutos pasado el mediodía. Cuatro horas y seis minutos desde la capital francesa a Bayonne, ciudad vasca de los Pirineos del lado del Atlántico. ©eW&cAc

Paris, à la Gare Montparnasse

El billete de tren de Paris a Bayonne fue reservado casi desde que decidimos hacer el camino, pues no puede dejarse para última hora. La hora de salida del tren nos obligó a un madrugonazo fastidioso. Un viaje tiene sus reglas, y no se juega con ellas. 03h45 de la madrugada. El barrio dormía mientras nosotros nos agitábamos con la preparación del desayuno, responder par de mails a la velocidad de la luz, chequear todos los documentos y bajar silenciosamente las escaleras enceradas de mi edificio, que chirrean cuando caminamos normalmente, qué podíamos esperar al bajar dos bicicletas enmaletinadas, y volver a subir y bajar con el resto del equipaje. Del 59 de mi calle al metro, la fatiga fue vencida por el aire fresco de la tranquilidad parisina. Ni un alma en la calle, y ya eran las 05h30 de la mañana. Dos agentes de la RATP comenzaban a preparar su jornada. Pedimos abrir el portillón para pasar con las bicicletas en sus bolsos y fue como si agrediéramos a la empleada. Digamos que estaba de mal carácter, como buena parte de los agentes de la RATP, que olvidan las reglas de cómo trabajar con el público. Tomamos el primer tren que hace parada en La Fourche. Felizmente no venía atestado como otras veces a esa hora. Luego las escaleras, el pasillo y otra vez las escaleras para llegar al nivel de la Gare de Montparnasse. Para evitarnos troques de última hora, nos presentamos a una empleada joven para preguntarle si nuestra carga y par de bicicletas todo estaba en regla. Asintió la muchacha y fue entonces que respiramos. La Gare bullía a esa primera hora de la mañana. Faltaba que fijaran en las pantallas, el andén de nuestro tren. ©eW&cAc

vendredi 18 juin 2010

La elección de la bicicleta…

Si bien yo estaba metido en la elección de la bicicleta, o mejor dicho, dando apoyo logístico a mi amigo en la búsqueda de la misma, la elección toda concernía a Elie. Así empezó la mañana del viernes junino. Tomando el desayuno Elie me dijo, “ya está decidido, la compraré en Holland Bikes”. Fue la segunda tienda que visitamos. La tienda está en el boulevard Lefebvre, en el 15 arrondissement. Allá nos fuimos en la línea 13 del metro hasta la Porte de Vanves.. Sin embargo, una gran duda nos incitaba a apearnos en Montparnasse, la estación desde la cual quitaríamos Paris al día siguiente. Y es que la gran duda concernía en cómo montar las bicicletas en el tren. La información en el sitio de la SNCF no es nada fantástica, y me pregunto por qué no son más claros en esas cuestiones. Mencionan únicamente que la bicicleta debe llevarse en una “housse” (www.velo.sncf.com ) de 120 x 90 cm, la rueda delantera desmontada. Un dolor de cabeza si tenemos en cuenta que la housse ideal para nosotros, es una ligera protección plástica, y la que debíamos comprar, -una verdadera valija, nos agregaba casi cinco kilos de peso a portar en el camino. Hecha la gestión, continuamos en la línea 13 y en la Porte de Vanves montamos el T3 que es el confortable tramway que une Pont de Garigliano con la Porte d’Ivry. Abrimos la tienda a la par que lo hacía el responsable de la misma, Jens Schröder, un holandés simpático y que le sabe un mundo “aux vrais vélos hollandais” como dice la pub de www.hollandbikes.com Nos bastó par de horas para ponerle cabeza al muñeco y salir de la tienda con la bicicleta comprada. Fuimos con la Gazelle a nuestro lado, hasta la estación del metro, impensable meterla en el tramway, y mucho menos subirla al metro parisino, no estamos en Berlín, ciudad que me gusta porque la bicicleta tiene un espacio como los mismos berlineses en el metro. Falta mucho para que las autoridades de la régie parisina de transportes se de cuenta de aquello que puede ser bueno para los que usamos bici en ciudades como Paris. Así que, Elie bajó al metro y yo estrené su bicicleta pedaleando de sur a norte por la capital. La Gazelle, una maravilla, confortable, hermosa, agradable de conducir. Era mediodía cuando se conocieron la Gazelle d’Elie y mi Gitane. Un silencio de rayos y ruedas se impuso, y al final se toleraron. Desde entonces andarían juntas durante muchos días. Almuerzo verdulero con cerveza y café etíope. Y el resto de la tarde, los detalles, el equipamiento, las alforjas, una pata para mi Gitane, timbre, espejo retrovisor, los porta mapas, los maillots btwin, cuissards, kways corta vientos, un casco nuevo, cámaras de repuesto y nada de buscar aquí, allá y al otro lado de Paris, no había tiempo!, y en la avenida Wagram, a dos pasos de la casa tenemos un Décathlon (http://www.decathlon.fr/velos-route.html), y allí compramos todas las necesidades, además de darnos un salto a Darty para comprar una cámara manuable para usar durante el peregrinaje. Bueno, una cámara chica pero a la medida de una persona exigente como Elie. Yo decidí llevar mi Fuji, poco práctica mientras uno pedalea, pero excelente si freno y hago zoom! Zoom al match, me dijo Elie, cierto, ya yo había olvidado los menesteres televisivos del Mundial de football. Cena improvisada, citas anuladas, llamadas por hacer, los teléfonos sonando sin parar, y yo me pregunté, pero qué tanta algarabía puede traer la víspera de un viaje proa al peregrinaje más importante del mundo cristiano? Simplemente, amigos y familias querían también estar al tanto de los preparativos finales, darnos apoyo, desearnos un “buen camino, peregrino”, y eso se agradece infinitamente, sobre todo porque al final de la tarde comenzó el cielo a nublarse de dudas, la Gitane lloriqueando porque las alforjas eran demasiado pesadas para su parrilla y la Gazelle, cabizbaja, adolecía de fuerte inseguridad en el manubrio. Monta y desmonta, desmonta y vuelve a montar. Dudas, y más dudas. Par de telefonazos a Jens, y pasada medianoche el silencio se apoderó del apartamento en espera de cuatro alarmas dispuestas a tirarnos de nuestras camas aunque quisiéramos seguir en franco embeleso. ©eW&cAc

jeudi 17 juin 2010

L’arrivée d’Elie à Paris

Elie despega del aeropuerto beirutí al amanecer y toca tierra en Roissy-Charles de Gaulle al final de la mañana. Acordamos encontrarnos en el andén 42 de la Gare du Nord. Ya es mediodía cuando atravesamos el túnel que hace la correspondencia con la estación La Chapelle. El metro atestado. La línea 2 hace parte de los caminos al infierno en cualquiera de sus dos direcciones. Y como todos los caminos llevan a Roma, nos bajamos en la estación homónima y a paso raudo ganamos mi apartamento en el corazón de Batignolles. Arduo es nuestro programa, sobre todo por el hecho que Elie debe comprar la bicicleta con la cual hará el camino. Tenemos una buena lista tiendas de ciclos esparcidas por todos los distritos de Paris. Elie se impacienta por el partido de football de la noche. El tour de tiendas de bicicletas nos deja desconchinflados. No quiero pasar por alto que por esas cosas de la vida, y Paris ser tan encaracolada, yendo hacia la tienda de ciclos del BHV, que fue nuestra última visita, pasamos por la Tour St-Jacques, imponente, rejuvenecida, y saludarla fue como un buen augurio en el camino que teníamos por delante, le chemin de Saint-Jacques. Volvimos a Batignolles adormecido con las vetas grises del final de la tarde-noche. Cenamos en la terraza del Fuxia, un restaurante italiano a dos pasos de mi casa. El calor se disipa en la tarde, y se siente el murmullo de las hojas de los tilos altos que cuidan la plaza. Place du Docteur Félix Loblegois. La soirée estará matizada por el mundial de foot en tierras australes de África y dominada por el primer encuentro para definir la estrategia a seguir en el camino de Santiago. En todo caso, la primera etapa parisina, es la compra de la bicicleta. Gitane, Giant, japonesa, alemana u holandesa, con accesorios Sigma, y equipada con la calidad Shimano. Hay muchas previsiones, esperanzas y algunos encantos y desencantos. Elie es un experto en bicicletas, y les aseguro que todos los vendedores a quienes hemos hablado en el espacio de la tarde en buena cantidad de tiendas, no le conoce a las bici, lo que mi amigo conoce! Ya veremos que nos deparará la búsqueda de mañana! ©eW&cAc

vendredi 14 mai 2010

La credencial del peregrino

http://www.compostelle.asso.fr/

Desde épocas remotas, y para facilitar el peregrinaje, largo, duro e intenso, los peregrinos se servían de cartas de presentación y de salvoconductos. Tanto uno como otro, eran documentos de una importancia vital para los peregrinos, venidos de recónditos lugares, atravesando fronteras, guerras, y penurias. Los amigos del camino crearon la “credencial” que fue unificada en el año 1987 y homologada por la catedral de Santiago. Nuestra credencial la obtuvimos, después de inscripción y gestión administrativa, en una estrecha calle parisina del sexto distrito, la rue de Canettes. En el número 8, está la sede de “Les Amis de Saint-Jacques en France”. Una vez inscritos nuestros nombres y coordenadas, y pagado el derecho de credencial, recibimos una ficha de instrucciones para llevar a cabo la empresa del camino, y por supuesto nuestra credencial. La credencial es como una visa que permite avanzar mientras se sella en las etapas del camino, y que permitirá, una vez llegados a la catedral de Santiago de Compostela, obtener la “Compostela”, documento que acredita solemnemente que el caminante, jinete o bicicletero, cumplió su propósito de peregrino. ©eW&cAc

vendredi 19 mars 2010

…se hace camino al andar

Después de haber acordado mutuamente que haríamos el camino a Santiago en bicicleta, comenzamos la preparación del mismo. Como Elie, vive en Beirut y yo en Paris, el “cuartel general” también fue compartido y cada uno fue poniendo su granito en la concepción del itinerario, y digo itinerario porque hacer el camino no es un viaje cualquiera, no. Es emprender una ruta ancestral, de carácter religioso, que hoy imbrica múltiples identidades, tanto en el plano religioso como en el plano cultural. La aproximación religiosa, según mi punto de vista, está dada por el matiz espiritual que los peregrinos encuentran al andar, tropezando con dificultades, a solucionar individualmente o ayudados por otra mano peregrina, una mirada que significa “anda, ya falta poco”, o cuando se escucha “buen camino” en infinidad de lenguas, al quitar un lugar, al avanzar en dirección de Santiago, al término de una etapa. El plano cultural es mucho más amplio, y creo que una buena cantidad de peregrinos, son felices de transpirar, agotarse y sufrir, mientras descubren, haciendo la Ruta Jacobea, las regiones por donde pasa, rica en aldeas, pueblitos, espléndidas ciudades, todas diferentes, como sus lenguas, sus riquezas patrimoniales, la naturaleza y sus colores, los cantos escapados de entre las ramas de los árboles, y sobre todo, la gente de los pueblos, contentas, cabizbajas, acogedoras o desagradables, puede uno encontrar de todo, que dan el toque humano y se convierten en realidad palpable a nuestro paso, y en recuerdo imperecedero a todo lo largo de la ruta. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, nos legó Antonio Machado en sus Cantares y para andar el camino el peregrino escogerá el medio que mejor le convenga. Nosotros, amantes de las dos ruedas, escogimos la bicicleta para llevar a término nuestro peregrinar por el camino compostelano que el prelado Diego Gelmirez (1070? – 1140), viajero infatigable y que por su influencia pusiera a la misma altura que aquellos de Jerusalén y Roma. ©eW&cAc

mercredi 17 mars 2010

Un correo, una proposición…

Acababa de regresar a Paris después de una estancia invernal en la Provenza, cuando recibí un correo electrónico de Elie. Ya sea a través de correos o del teléfono, mi amigo Elie y yo nos mantenemos al tanto de nuestras vidas, con sus alegrías, penas y escaramuzas. Esta vez, el correo me sorprendió, aunque era algo que podía esperarme en algún momento viniendo de parte de mi amigo:
Cher Carlos,
Cómo estás? Yo tengo una idea, o quizás un sueño, hacer el camino de Compostela (si no completo, una parte!) en bicicleta. Yo pienso hacerlo este año. Qué te parece? Por supuesto, es contigo que yo pienso hacerlo. Piensa a mi proposición, y respóndeme.
Un abrazo, Elie

Mi respuesta a Elie no tardó mucho:
Cher Elie,
[…]Si es una idea, la idea es bienvenida; si es un sueño, es bienvenido igualmente, me gustaría hacer el camino a Santiago, y contigo en bicicleta, será un buen camino, me hará feliz! De entrada habrá que mirar el almanaque, fijar las fechas de manera indicativa, tanto por ti como por mí, y desde este momento el QG queda instalado en mi casa de Paris (que es tu casa también!) Luego hay que preparar las etapas del camino, caminos hay varios, es largo, es fatigante, no hay otra cosa que poner en marcha el proyecto! […]
Yo te abrazo igualmente y te agradezco la confianza que me haces, Carlos

mardi 16 mars 2010

Presentación de los bici-peregrinos

A manera de encabezamiento de la historia de nuestro camino a Santiago de Compostela, me permito presentar a los dos bici-peregrinos protagonistas de este blog. Elie Wakim, libanés, concienzudo ingeniero y empresario, curioso y respetuoso, cristiano maronita. Carlos Alberto Casanova, cubano pilongo establecido en Paris, viajero curioso, apasionado de la historia y la arquitectura, libre pensador y también respetuoso, cristiano con influencia del panteón yoruba afrocubano. Se dieron la mano el cedro del Líbano y la palma real de Cuba bicicleteando por las calles de Paris, los viernes por la noche. París Randovélo nos presentó, y sin protocolos comenzamos a construir una amistad que ya cuenta más de un lustro: corría abril del 2004. La foto es de esa época, y no podría faltar en la presentación de este blog, que se me antoja una de las puertas al camino que acabamos de terminar. ©eW&cAc