vendredi 25 juin 2010

Tierra de Campos (Villarmentero)



A una altitud de 831m queda situado Villarmentero en el camino. Otro pueblo fantasmagórico que no pasa de docena y media de habitantes. Pueblo castellano, pueblo del camino, y en él, un hermoso San Roque, situado en su parroquial, llamada San Martín de Tours. Allí sellamos y nos tomamos un poco de tiempo apreciando el artesonado mudéjar, de forma octogonal situado sobre la capilla mayor y los retablos platerescos. Al exterior de la parroquial, el viejo camposanto, con sus lápidas salpicadas de musgo amarilleado por el viento y el sol. Miro las tumbas, como naves detenidas en el tiempo, y pienso, y pienso, y sin decir adiós, dejo la quietud del pueblo mientras un canto gregoriano me empuja a seguir adelante. ©eW&cAc

Tierra de Campos (Revenga)



Seguimos el camino que sigue el curso del Ucieza hasta llegar a Revenga de Campos, un pueblito palenciano que tuvo como huésped por una noche, nada más y nada menos que al emperador Carlos V. Corría el año 17 del s.XVI. Sellamos en la parroquial de San Lorenzo, que conserva el mayor retablo barroco del s.XVIII y también una Virgen que data del s.XV, la Virgen del Peregrino. Escrutando las imágenes de los retablos, una me pareció San Roque, que siempre muestra la llaga de la pierna, y con la vara, pero sin el perro, lo que me lleva a dudar y pensar que es un Saint-Jacques. A la derecha, saliendo de Revenga, Villovieco. Nosotros seguimos recto buscando Villarmentero, también de Campos. ©eW&cAc


Frómista, fantasma arropado de sol


Mucho queda por andar en esta jornada de infinidad de pautas. El calor va ganando cuartel y acabará por vencernos. No podemos darnos el lujo de pasar sin detenernos en Frómista, pues no es una carrera la que emprendimos, justo un camino en que las joyas se miran y quedan allí, a la mano de los peregrinos que vengan tras nosotros. En Frómista, la joya es una iglesia romana, la de San Martín. Espléndido el románico español, rico en modillones y por la pureza de las columnas y capiteles que rodean las ventanas. Desgraciadamente, y no puedo imaginar por qué, el edificio que hiciera construir en 1066, doña Mayor, la viuda de Sancho el Mayor de Navarra, esté cerrado. Perdemos de ver una talla de Jesús crucificado que data del s.XIII así como la profusión de capiteles del interior. El pueblo parece un fantasma arropado de sol. Tampoco vimos la Santa María del Castillo ni la de San Pedro. Más que nosotros, las bicicletas también fatigan. Las empujamos hasta el Albergue Municipal de Peregrinos, llenamos de agua las cantimploras y pedimos nos acuñen las credenciales. Enfilamos rumbo a Población de Campos. ©eW&cAc

Población de Campos, en una orilla del río Ucieza

Minúsculo, termina el pueblito cuando comienza. Fue señorío desde mediados del s.XII de la Orden hospitalaria y militar de San Juan de Jerusalén o Caballeros de Rodas y Malta. Una calle solitaria nos lleva a la parte alta del pueblo donde antiguamente estaba ubicada la fortaleza de los caballeros hospitalarios y donde hoy se levanta la barroca Santa María Magdalena, patrona del pueblo que tiene su altar en la iglesia parroquial que si bien se menciona ya en el s.XIV, su estructura actual evidencia trazas del XVI. Descendemos la calle cuando el reloj del campanario marcaba las 13h12 y buscamos la salida del pueblo apellidado como su tierra, Tierra de Campos. ©eW&cAc

El Canal de Castilla, 98 años de construcción



Pero antes de entrar en Frómista, nos sorprende aquella que fuera una de las grandes obras de ingeniería realizada entre 1751 y 1849, y que tuvo como objetivo encaminar hasta el puerto de Santander el cereal castellano. Trazado y ejecución al mando de Carlos Lemaur, por encomienda del Marqués de la Ensenada. Las barcazas de trigo, y hasta las hubo de pasajeros, circularon por canal, y atravesando las exclusas, tiradas por mulas, que mucho agradecieron la llegada del ferrocarril que las liberaría de tan fatigoso trabajo. El canal se usa como regadío desde 1959, en una región que ostentara ser granero de España. ©eW&cAc

El rollo de Boadilla (Boadilla del Camino)





Ya le había dicho a Elie de evitar meternos en “rollos”, como decimos los cubanos, pero mi amigo no acababa de comprender lo que para nosotros es un rollo, que a la larga no es otra cosa “qu’un problème”! Y quedó aún más desconcertado cuando le dije que en Boadilla nos toparíamos con el más fantástico rollo[1] del Camino. Entramos al pueblo, puro castellano, faltando una hora para el mediodía. La parroquial de la Asunción emerge entre los caserones de fachadas enladrilladas y dehermosos trabajos de herrería en los balcones. Como no era hora de la pausa para almorzar y regalarnos una pequeña siesta, decidimos hacer un alto en un albergue privado al que se entra por la Plaza del Rollo. Apacible, con un jardín cuidado e infinidad de esculturas, gentiles y serviciales! Sello del camino a disposición de los peregrino y upa, dijimos hasta luego. Barriga llena corazón contento, le dije a mi amigo, y sin tiempo que perder, nos detuvimos frente a la columna que antiguamente representaba la jerarquía administrativa del lugar. Luego entramos a la iglesia parroquial que data de los siglos XVI-XVII y que guarda celosamente una pila bautismal de factura románica. También sellamos en la iglesia, pues la chica del cuño nos vio cara de amantes de los sellos. Le pregunté si la iglesia tenía un San Roque, y sin quitarse los audífonos me respondió no con un gesto. Sin embargo, me percaté que en uno de los altares laterales, un San Roque pequeñito existe. A punto de mediodía, ni un alma en las calles de Boadilla. Un perro “acodado” en una ventana nos ladró, le hicimos una mueca y salimos del pueblo en dirección de Frómista. ©eW&cAc




[1] El rollo antiguamente era una señal que marcaba una categorización del lugar en que estaba situada. En forma de columna, llevaba como remate, una cruz o una bola. El rollo se levantaba en aquellos pueblos con facultades jurisdiccionales, e indicaban su atadura a un mando superior, ya fuera concejil, señorío real, eclesiástico o monástico. También demarcaban el territorio o simplemente conmemoraban la concesión del villazgo.