samedi 26 juin 2010

Lo romano-mudéjar de Sahagún

Bajando la calle en cuesta, se descubren las torres y campanarios de otros edificios religiosos de Sahagún. La iglesia de San Lorenzo de estilo románico mudéjar es del s.XII, mientras que su elegante campanario de cuatro cuerpos, situado encima del ábside, es todo un conjunto de arcos inspirados en el mudéjar, es del s.XIV. Los arcos del cuerpo inferior son ciegos, los dos siguientes son arcos doblados y el más alto, cinco vanos, uno más que los dos anteriores. De planta basilical, compuesta de tres naves, tiene cabecera en tres partes ornamentada con arcos de herradura.


También del románico mudéjar la iglesia de San Tirso, del s.XII, con ábside de piedras inicialmente, más tarde de ladrillos. Sobre el crucero se levanta la torre de cuatro cuerpos, que es de planta rectangular, presenta arcos de herrería ciegos, elementos mudéjares que la hacen considerar un prototipo del citado arte. Del Monasterio Real de San Benito, que fuera el principal foco de la reforma de los monjes benedictinos que introdujeron la regla de la Orden de Cluny, quedan no más que vestigios. Sobreviven a su destrucción, la Torre del Reloj, restos de la Capilla de San Marcos y el Arco de San Benito. ©eW&cAc

Sahagún, capital del arte mudéjar



Avanti Sahagún, joya enladrillada del Camino. Sentimos que él nos envalentonaba, que su mirada férrea buscaba nuestra complicidad. Pero no hubo intercambios de palabras, era imposible. Peregrino de hierro, guardián de la iglesia de la Trinidad, abandonada durante veintinueve años ahora convertida en albergue municipal de peregrinos, información al turista y Auditorium. La Trinidad es una mole de ladrillos de nave única, larga sin crucero y con elevación de la capilla mayor edificada en los siglos XVI y XVII. La torre es anterior al s.XIII. Tiene la Trinidad como vecina una iglesia de factura neoclásica colonial. Fue terminada en la mitad del XVII, y aunque desde el XVIII está pintada de blanco, su fachada original es de piedra y adobe. Un peregrino aturdido por la soledad paramera y la fatiga, podría imaginarse en un pueblito sudamericano o de Cuba. Pero al voltear la cabeza y mirar tejados y torres vuelve a la realidad. Una realidad procurada por el Camino que no cesa de sorprender al caminante. La iglesia es San Juan de Sahagún, y fue levantada en el solar de los padres del santo. ©eW&cAc

Entre el Valderaduey y el Cea, Sahagún


Una vez cruzado el río Valderaduey, ya estamos a poco de las puertas de Sahagún. Transitamos por una zona industrial y hostales de etapa para camioneros, el camino se nos pierde y avistamos un grupo de peregrinos cruzando la vía férrea por la calle del Arco Travesía. Desembocamos en la avenida de la Constitución que se convierte en calle de Antonio Nicolás, pero antes de seguir cuesta abajo, en el cuchillo donde está el Asturcun nos detenemos para hacer una pauta citadina y nuestro segundo desayuno de la mañana (el primero había sido en el Bar El Palomar de Ledigos). La terraza estaba colmada de peregrinos ingleses y alemanes. Ocupamos mesa y disfrutamos del bienestar del reposo mientras repasábamos sobre el mapa la jornada jacobea hasta Mansilla. Como un halcón, Elie reparó en un negocio vecino, con entrada por la calle de los Informantes, y terminado el desayuno se precipitó a la tienda de alimentación, que por nombre lleva Elías. Y descubrió que el patrón, Elías, era originario de la tierra vecina del cedro, la Palestina. Parece que emigrantes, exiliados, turistas, y hasta los peregrinos tienen códigos para entenderse y fraternizar, -salvo los franceses que se evitan cuando se encuentran fuera del hexágono, y los cubanos con sus paranoias securitarias! Pero dejemos a un lado Cuba, y en lo posible Francia, aunque no podemos dejarla del todo, recuerden que somos dos peregrinos haciendo el Camino Francés hasta Santiago de Compostela. En Sahagún hicimos como muchos otros peregrinos que pautaban en la terraza del Asturcon, sellar la credencial a proximidad, cosa que hicimos en La Codorniz, a dos pasos de allí. Residiendo en Salamanca durante un año universitario, tuve la ocasión de entrar en la iglesia San Juan de Sahagún, en la calle Toro, y que es una de las iglesias más hermosas del románico salmantino y templo del patrón de la ciudad. Y es que cada vez que pasaba frente a la iglesia, me daban deseos de conocer Sahagún, cosa que no hice y que ahora, peregrino, hago en compañía del lugarteniente Elie! ©eW&cAc

Provincia de León


Tres vías respiran serpentean las tierras de Burgos a León, y la más joven intenta ahogar a su vecina. La autovía “Camino de Santiago” no cesa día y noche su ronroneo de carrocerías convertidas en bólidos. La N-120 es la carretera de siempre para muchos, sobre todo para los que envejecen en los pueblos y siguen al volante de sus carros. La ruta jacobea, contrariada, desviada, henchida de coraje y aires meditativos, con alforjas, varas y pies cansados, no dejará de respirar frente al empuje de la modernidad y sus devoradores. Por el camino, después de haber pasado San Nicolás, damos la espalda a Palencia y entramos en la provincia de León. ©eW&cAc

Terradillos, Moratinos y San Nicolás (pueblos minúsculos)



A menos de tres kilómetros está el minúsculo Terradillos de [los] Templarios del ya visto minúsculo Ledigos y a casi nueve del también minúsculo San Nicolás del Real Camino. Pero grandes son en tradición mudéjar y en su habilidad para emplear ladrillo, que les viene desde tiempos medievales. La comarca sigue siendo tierra de Campos, en los confines de Palencia. Sector pobre, que el adobe enfatiza, y peor, el abandono y ruina de muchas construcciones. Pueblos pajizos asoleados, rojiplateados al alba, ocredorados al atardecer y crepúsculos somnolientos. San Pedro es la iglesia parroquial del primero, toda de ladrillos con torre campanario austero, un bordado mudéjar. También de ladrillos Santo Tomás, la iglesia parroquial de Moratinos; y como las anteriores, de la misma factura, la de San Nicolás. ©eW&cAc

Ledigos

Fresca la meseta castellana a la hora de nuestra partida de Calzadilla. Salvo nosotros, nadie en disposición de comenzar el día. El campo humedecido por el rocío, huele a tisana preparada por la abuela. A la derecha del camino Santa María de las Tiendas, sitio convertido en centro de información para los peregrinos. La nuestra la llevamos en mente, y sólo avanzar es nuestro objetivo mañanero, como la del peregrino al que pasamos en las inmediaciones del pueblo. La torre que avistamos es la de Santiago, el templo parroquial de Ledigos. Pastos y extensiones verde amapolado. La parroquial se alza por encima del pueblito, no solo por el puntal de su única nave y su torre campanario, sino porque fue construida en una cuesta, como también en la cuesta fue edificado el camposanto. En el s.XVIII desapareció el hospital de peregrinos. Pauta para desayunar en el bar-café del pueblo. El mesero nos ofrece el cuño. Un perro se echa a mis pies y siento el jadeo de su respiración. Fuera del bar, un hombre mayor, casi nonagenario, jersey y boina, de rostro colorado. No lleva bastón, no hombre, es un azadón para faenar en su campo esa mañana. Intercambiamos conversación y nos despedimos con la ternura que un abuelo despide a sus nietos que marchan a la escuela… ©eW&cAc

7ma etapa: de Calzadilla de la Cueza a Mansilla de las Mulas

Calzadilla de la Cueza Ledigos Terradillos de los Templarios San Nicolás del Real Camino Sahagún Bercianos del Real Camino El Burgo Ranero Reliegos Mansilla de las Mulas

Distancia recorrida: 65 km


Hora de salida de Calzadilla de la Cueza: 08h36


Hora de llegada a Mansilla de las Mulas: 17h49

vendredi 25 juin 2010

Noche de luna llena en el cielo de Calzadilla


Calzadilla de la Cueza

Avistamos Calzadilla como si viéramos un espejismo. Como un faro enladrillado, surgió el campanario de la parroquial, allá lejos, cerca, a la mano, en el fondo del paisaje. El pueblito era nuestro cierre de etapa, la “casa inventada por una noche”, el refugio ante la inminente noche en tierras castellanas. Encontramos amparo en el único sitio para pernoctar, el hostal Camino Real, a la entrada o a la salida del pueblo, según de donde se venga! El término de etapa siempre es un bálsamo. Casi un verdadero descanso, y no solo para nosotros, también para nuestras metálicas Gazelle y Gitane. Una vez sacudidos del polvo de la tierra palenciana caminamos en busca de la parroquial, llamada de San Martín, iglesia de ladrillos y adobe, de una sola nave, con techo de tejas. Una parroquiana y su marido, casi octogenarios, nos reciben. La señora nos acuña la credencial y nos enseña el retablo del s.XVI, -una joya del renacimiento, nos dice, como si nos mostrara su ajuar de casada! El retablo viene de la antigua abadía Santa María de las Tiendas.

Calzadilla dormita a esa hora temprana del final de la tarde, pero es menos fantasma que otros pueblos a punto de mediodía. Algo de su factura de adobe, sus techos bajos, de sus fachadas unas blancas otras ocre rojizo, nos llama profundamente la atención. En un abrir y cerrar de ojos damos la vuelta al pueblo. Salimos a campo traviesa y enrumbamos a pie por la que fuera vía romana, la vía Aquitana. Suavemente se va tiñendo el cielo de un azul gris melancólico, de un silencio estropeado por nuestros pasos y el aleteo de pequeños grupos de pajaritos buscando refugio entre las hierbas y arbustos a los dos lados del camino. Volvemos atrás, y por la carretera, la que viene de Quintanilla, dos mujeres avanzan en dirección a Calzadilla. De brazo una de la otra, como si pasearan por una alameda en una gran ciudad se veían en pleno comadreo. Saludos y conversación. Curiosas, las septuagenarias nos interpelaron, y quisieron saber de dónde veníamos. Una de las señoras vive en la calle Mayor, -hasta que me muera, nos dijo: y la otra agregó, pues yo me fui de aquí hace cuarenta años, pero me puedo morir aquí, como en Palencia, es igual! Ellas siguieron comadreando y nosotros volvimos al hostal, para cenar y beber un buen vino español como bien merecen dos peregrinos exhaustos de una jornada de 81 kilómetros. ©eW&cAc