Como ya les hemos dicho, el río Pisuerga divide naturalmente las provincias de Burgos y de Palencia, como antes lo hizo entre los reinos de León y de Castilla. El puente fue ordenado por Alfonso VI durante su reinado y vuelto a construir en el sXVI. El puente que cruzamos Elie y yo, bicicleta en mano para disfrutar del paisaje de chopos y de la robustez de la obra de ingeniería, fue modificado en el sXVIII, no habiendo sufrido en esa época su calzada, como esta que parece recientemente reparada. ©cAc
vendredi 25 juin 2010
La Ermita de San Nicolás
Pero antes de cruzar la frontera acuosa entre las dos provincias, otra pausa nos permitirá, -desgraciadamente no el interior, disfrutar el ambiente que envuelve al Albergue de San Nicolás, instalado en la capilla gótica de un pueblito desaparecido, que tuvo hospital en el sXII, adosado a la también desaparecida iglesia Santa Eugenia. Impecable la restauración realizada a la ermita por la Confraternita di san Giacomo, presidida por Paolo Caucci y su esposa. Otra pena fue no haber sellado allí, en el último hito burgalés, justo al llegar nosotros, acababa de salir de allí, el hospitalero. Pero les dejamos algunas imágenes de esa media mañana a las puertas de Palencia. ©eW&cAc
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Evitando el Alto de Mostelares
A la salida de Castrojeriz veremos las ruinas del antiguo convento de San Francisco. Cruzamos el puente sobre el río Odrilla y después de rodar apenas un kilómetro, entramos en un pueblito que por el nombre imaginamos el calvario que sufrieron allí los judíos en el Medioevo español. Seis kilómetros y medio separan Castrillo de Matajudíos del punto desde donde parte un camino vecinal hasta Itero del Castillo, que también bordea el sendero de los peregrinos. Del Itero burgalés solo veremos el paisaje en lontananza y los techos del caserío. Rodando llegamos a la frontera natural entre Burgos y Palencia. ©eW&cAc
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Castrum Sigerici - Castrojeriz
Castrojeriz, desde tiempos iniciales del peregrinaje se convirtió en paso obligado para quienes se encaminaban a Santiago. Desde el 974 contó con fuero propio y ya en el periodo medieval se vanagloriaba de tener nueve iglesias y casi el mismo número de hospitales. En pie, del s.XVI, la iglesia de Santo Domingo, y en las inmediaciones de la Plaza Mayor, la iglesia cuya torre está coronada por cuatro pináculos, que es la de San Juan Bautista. El edificio tiene tres naves en planta de salón, bóvedas de terceletes y hermosos retablos. Pero aquella que más apreciamos, por la quietud inmensa que la envolvía, fue la ex-colegiata de la Virgen del Manzano, que data del sXIII. La iglesia tiene también tres naves, y un gran rosetón y numerosos vitrales. Sello en Castrojeriz y una decisión a tomar: subiremos el Alto de Mostelares en bicicleta? ©eW&cAcEl Convento de Santa Clara, del s.XIV (Castrojeriz)
Casi rozando las nueve de la mañana, como un espejismo, se nos aparece a la izquierda del camino un convento nombrado Santa Clara. Tenía la intención de llegar, pero no se visita. Seguimos de largo. Dos peregrinos jóvenes marchan a buen paso. A derecha, encaramado sobre el cerro, el castillo como un fantasma en ruinas. A poco entraremos en el antiguo Castrum Sigerici íberocelta. ©eW&cAc
El mal de San Antón (Ruinas de un convento)
Resuelto provisionalmente el problema de la suspensión de la parrilla de mi bicicleta, dijimos adiós a la hospitalera y emprendimos el camino en dirección a San Antón. La mañana es fresca, y muchos peregrinos llevan buen rato de camino. Los que hacen el camino a pie siempre serán madrugadores para poder avanzar antes que el sol los aniquile. El camino, en buena medida arborizado con chopos, va paralelo al arroyo de Garbanzuelo. Los campos son de un verde tierno y las amapolas de un rojo exacto, sin dramas de sangre. Hermoso tramo el que nos lleva al convento y hospital que fundara Alfonso VII en 1146. De esa época, ninguna piedra. Las ruinas que apreciamos, pertenecen al convento y hospital, pero reconstruidos en los siglos XIV y XV. La hospitalera nos selló las credenciales y nos mostró arcos y muros del sitio donde los antonianos curaban el fuego de San Antón, un mal que se remediaba con conocimientos esotéricos. Dejamos el ancestral sitio del camino y continuamos en busca de Castrojeriz. ©eW&cAc6ta etapa: de Hontanas a Calzadilla de la Cueza
Hontanas Convento de San Antón Castrojeriz Castrillo de Matajudíos Itero del castillo Puente Fitero Boadilla del Camino Frómista Población de Campos Revenga de Campos Villarmentero de Campos Villalcázar de Sirga Carrión de los Condes Calzada de los Molinos Cervatos de la Cueza Quintanilla de la Cueza Calzadilla de la CuezaDistancia recorrida: 81 km
Hora de salida de Hontanas: 07h52
Hora de llegada a Calzadilla de la Cueza: 18h34
jeudi 24 juin 2010
Camino excepcional, polvoriento y ancestral (a Hontanas)
La tarde ha caído y con la penumbra incierta del crepúsculo se encienden los faroles de la única calle de Hontanas. El reposo lo encontramos en El Descanso, una casa rural que llevan el alcalde de Hontanas, su mujer y su hijo. Gente sencilla y por demás, bien castellanos. Desde la ventana de nuestra habitación, la torre campanario de la iglesia de la Inmaculada se presenta como un paredón protector. La iglesia tiene orígenes góticos. Adosada al edificio puede verse una sólida casa medieval. Cenamos en la misma casa, servidos por la hospitalera que es diestra en amabilidad campechana. Su hijo y marido son también excelentes anfitriones. Al lado nuestro, tres peregrinos cenan y conversan de sus regiones ibéricas. Vienen de tres sitios diferentes. Sentada a nuestra mesa, una chica de Barcelona. Ella pone atención a la conversación de los tres hombres y los interpela. Saca en defensa su Cataluña de origen y se muestra guerrera y rebelde. Los hombres ripostan pero sin ofensa, la conminan a que se centre en su menú peregrino y no se meta en conversaciones ajenas. La chica, que hace sola el camino, -en plan vacaciones me pareció, no se deja intimidar y vuelve a la riposta. Le pedimos deje ese sentimiento de agredida y víctima. Bebe su segunda cerveza y desaparece. Nosotros lo sentimos como un alivio. En España mucha gente se desgarra por nada y en ello pierden un tiempo precioso. Después de la cena nos damos una vuelta por el fantasmagórico Hontanas sumido en el silencio junino. El reloj del campanario de la Inmaculada me despertará a horas precisas. Hasta la campanada de las seis de la mañana en que me incorporo para ver los tonos rojo-naranjas del sol apareciendo detrás de los montes bajos castellanos. Todo listo para seguir el camino después de haber desayunado. Instalamos nuestros fardos en las bicicletas y fue en ese momento que me percaté de la parrilla dañada. Hontanas, más pobre que un pobre. Ni un cordel, ni un cable, y mira que fue agenciosa la hospitalera. Logramos reparar la parrilla, -un punto de soldadura ido!, gracias al equipo de obreros ecuatorianos que habían dormido también en El Descanso. No habiendo podido apreciar la iglesia en su interior, optamos por dejar en el dintel de su portada, un cirio agradeciendo el haber llegado y el poder irnos, otra vez sobre nuestras bicis, en dirección a Santiago. ©eW&cAc
