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Dicen que es sorprendente la catedral cuando se descubre
desde el mar. Yo la descubrí bajo una fina llovizna, yendo del fondo a su
fachada principal. A la entrada, uno, dos tres rebaños de turistas hacían fila
para entrar, entonces decidimos caminar por las callejuelas adoquinadas de la
ciudad vieja y volver a la catedral cuando la marea de visitantes ya hubiera
bajado. Hubo una iglesia románica de Santiago, y luego, en 1431 comenzó la
construcción del edificio catedralicio. Ciento cinco años duraron los trabajos,
años de epidemias mortíferas y del constante peligro turco. Comenzó a
levantarse siguiendo el estilo gótico tardío, teniendo como maestro de obras a
Bonino de Milán. Lo sucedieron, hábiles maestros venecianos que se encargaron
de levantar los muros septentrional y occidental, con sus portales. En 1441 y hasta 1473, los trabajos estuvieron
a cargo del maestro Juraj Dalmatinac, que desarrolla un nuevo proyecto y le
añade la cúpula. Sus continuadores siguieron su método de montaje de grandes
placas de piedra, a través del cual, se construyeron las partes bajas del
santuario, el baptisterio y la sacristía, y manteniendo el principio de la
uniformidad de los materiales pétreos. Dalmatinac se encargó igualmente de enriquecer
la obra con sorprendentes trabajos escultóricos en el baptisterio y la
guirnalda del ábside, hecho que se traduce como la inserción del arte proto-renacentista
en la cultura dálmata. Discípulo de Donatello, Niccoló Fiorentino continuó las
obras entre 1475 y 1502 aportando entonces el renacimiento toscano puro, el
santuario se dota de ornamentos y le imprime su silueta actual: elegante
cúpula, bóvedas de piedra, éstas cerrando su interior, y reflejadas en su
fachada trifoliada. La dicha particularidad hizo que la catedral se convirtiera
en paradigma planetario. Desgraciadamente, la cúpula sufrió los embates de la
guerra en 1991, pero los trabajos de restauración no tardaron, una vez
terminado el conflicto. Breve, que terminado nuestro paseo bajo la fina
llovizna y de nuevo despejado el cielo sobre Šibeník, entramos en la catedral
pagando para ver el edificio que ahora hace parte del Patrimonio de la
Humanidad, y bravo si el aporte ayuda a sacar de las tinieblas su interior
lúgubre y oscuro. Debido a los trabajos de restauración, no pudimos apreciar la
sillería de los canónigos con su decoración renacentista del maestro
Fiorentino, el trono episcopal con baldaquín de piedra, obra de Bartolomeo de
Mestre, ni el Altar Mayor de NS de las Lágrimas, realizado en el s. XVII, cuya pintura
de la Virgen se le atribuye a Blaž Jurjev de Trogir. Ciertamente, la obra
maestra de Juraj Dalmatinac, el baptisterio, situada en el ábside meridional,
es una joya escultórica majestuosa. Hermosa la pintura de Ricciardi, del s.XVI,
en el Altar renacentista de madera dedicado a los Tres Reyes Magos. La Virgen
del Carmen, esculpida en madera, situada en un altar de factura barroca en el
lado izquierdo del edificio, como también barroco el altar dedicado a la Santa
Cruz, cuyo crucifijo gótico data del s. XV.
Del lado derecho, los altares son barrocos y neobarrocos, con pinturas
renacentistas que evocan a San Fabián y San Sebastián. Hermosa es la talla en
madera de San Cristóbal que comparte altar con NS de la Salud. Yo me detuve
frente al altar neobarroco que comparten
San Jerónimo, el santo franciscano croata San Nicolás Tavilić y San Roque,
protector de la peste, que azotara fuertemente la región, pero sólo una placa
evoca la consagración al santo, Sv Rokko, en croata. Cristo y los doce
apóstoles esculpidos por Bonino de Milán aparecen en el pórtico occidental, que
es la entrada principal de la catedral, y cuya puerta en bronce, es obra de un
escultor de la ciudad, Grgo Antunac, emplazada a finales de la década del 60.
La puerta llamada “de los Leones” del lado septentrional, lleva incorporados a
Santiago y San Pedro en los baldaquines. También de Antunac, las puertas esculpidas
en bronce. En el ábside que hace ángulo septentrional y oriental del edificio,
se pueden apreciar dos “putti” renacentistas que llevan inscrita una
dedicatoria sobre la construcción de la catedral. En la parte oriental del muro
septentrional y comprendiendo los tres ábsides, pueden observarse setenta y una
cabezas, que representan los contemporáneos del maestro Juraj Dalmatinac, obra
catalogada como de excelencia del renacimiento croata. En los frontones del
edificio tres esculturas de Nikola Firentinac, representan a Santiago, a San
Marcos, y a San Miguel cuando mata a Satanás. Junto a la catedral, el palacio
episcopal, unido a ella por un sistema de escaleras a dos niveles. Atención visitantes,
como en todo el país croata, la entrada en shorts está prohibida, limitante
enorme en un país que recibe buena cantidad de turistas, y sobre todo durante
el verano. ©cAc-2014 .